Indignados, una noche de risas y moral

21 dic, 12 - 17 may, 13 » Viernes
De 23:30 a 00:00
0

Como sabéis, o deberíais saber, esta semana he escrito sobre Indignados, una comedia que estará en el Teatro Alfil hasta el próximo 17 de mayo. Anoche tuve la oportunidad ver el espectáculo, y sin duda la apuesta que hice por el trabajo de Raúl Navareño, Joseba Pérez y Juan Carlos Córdoba, no fue en vano.

Creo que no podía haberse hecho en otro sitio más oportuno que el Teatro Alfil, porque la sala no es excesivamente grande, y el propio ambiente incita a una cierta familiaridad. A las 22:30 los más sosegados entraban en el lugar y escogían los últimos asientos, ya que la sala estaba repleta y en escasos minutos empezaría la función.

Se abrió el telón y dio comienzo una de las mejores noches que he tenido. Podréis pensar “hombre normal, no vas a decir que la noche fue mala”, pero incido en esto porque  después de leer la crónica espero que entendáis de lo que estoy hablando.

Comenzó la obra pues, y con ello las carcajadas. Mientras uno de los protagonistas buscaba empleo  el último día de reivindicación antes del desalojo, Joseba Pérez se unió y entabló conversación con su “vecino” de  la acampada. Este último cogió una guitarra y nos deleitó con las letras de sus canciones, que por cierto, si llegara algún día a Eurovisión, probablemente ganaríamos, y Europa se reiría con motivos.

La Guardia Civil está presente siempre, y aquí no iba a ser menos. Juan Carlos Córdoba irrumpió en la sala con tricornio y “chaqueta de vago”, pero no para el desalojo. Por un momento nos hizo reflexionar a todos sobre qué cosas rompen más hogares en nuestro país, y aunque creo que todos somos conscientes de ello, lo manifestó desde una perspectiva inmejorable.

Me encantaría contaros algunos de los chistes de la velada, porque no hubo momento en que no riéramos. Tengo unos cuantos en la cabeza, y ahora que estoy escribiendo, directamente me estoy descojonando. Y perdón, porque quizás el término empleado es muy coloquial, pero realmente no hay equivalente que lo exprese mejor. Quiero, y os pido por favor, que vayáis, porque de verdad, nunca había visto salir a la gente tan contenta y agradecida del teatro.

Creo que Indignados es una obra única porque nace de la humildad. Tres cómicos han tomado el drama de nuestro país y en efecto, han hecho de ello una comedia. Por un rato pudimos dejar de ver nuestra situación con esa connotación negativa que nos inunda últimamente, y  presenciamos la realidad de otra forma.  Lo que más me ha gustado es que todos los que estuvimos allí el viernes, los que ya han ido, y los que lo hagan próximamente, estaremos de acuerdo en que hay múltiples formas de reivindicación, pero esta sin lugar a dudas, es una de las mejores. Cuando se acercaba el final, los actores escogieron a cuatro personas del público y nos demostraron el valor del trabajo entre todos, partiendo de la base de la igualdad. No os voy a explicar de qué manera lo hicieron, porque os rompería uno de los mejores momentos, así que espero que lo veáis.

Al salir nos despidieron a todos con un trato inigualable, y uno de mis compañeros aprovechó la ocasión para tomar las fotos, que por cierto, han quedado geniales. Concluyó así mi paso por el Teatro Alfil, con una borrachera de felicidad que mantuve hasta por la mañana, no os voy a mentir.

Sería violar todos mis principios como persona, terminar esta crónica sin contaros una última anécdota. Proseguí la noche con mis amigos en la Plaza de Santo Domingo tomando algo antes de entrar a un garito. Sí, bueno, el botellón de toda la vida. Y ya sabéis cómo va esto…una copa, vas normal; tres, no paras de hablar. Y creo que estaréis de acuerdo en lo siguiente conmigo: muchas de las grandes conversaciones que recordarás toda la vida, son con gente que probablemente nunca vuelvas a ver,  y de las que más aprendas. El caso es que por casualidades de la vida entablamos conversación con dos negros; Llevo el periodismo en las venas, y comencé a preguntarles sobre la concepción que tenían de España. Me comentaron que en incontables ocasiones la policía se acerca a ellos con la excusa de ver qué están haciendo y pedirles la documentación, aunque estén tranquilamente hablando como estuvimos esa misma noche. Quiero destacar que en ningún momento fueron de mártires, dijeron abiertamente que sí han cometido prácticas delictivas, pero lo justificaban con el hecho de que eso nunca será comparable a lo que el mundo ha hecho con su raza.

Les pregunté luego por la situación de sus países. Uno de ellos era de Guinea Bissau, y le planteé la idea irrebatible de que el fomento de la educación en África, si fuera posible, constituiría el resurgimiento del continente, y la imposición de un nuevo orden a nivel mundial.  Su respuesta, no pudo ser más honorable.

Me dijo sin más que ellos no quieren su imposición en el mundo, ya que viven de la naturaleza, y se consideran unos supervivientes. Argumentó además que no quiere respirar este aire, e hizo alusión a la naturaleza una vez más. Tampoco quiere que su gente muera de VIH, y puntualizó que un virus creado por otros, no tendría que cebarse con todo su continente.

Esta conversación me demostró muchas cosas, y me hizo ver todo desde una perspectiva que nunca había valorado. Desde nuestro punto de vista occidental -al menos desde el mío- tendemos a pensar en el fomento de los países en vías de desarrollo, y en maneras de mejorar su situación. Pero no debemos hacer eso; lo que debemos hacer es no meter la mano, en lo que no nos pertenece. No recuerdo el nombre de esos chicos, pero se catalogaron a sí mismos como supervivientes, y realmente lo son. Si no explotáramos su riqueza, tendrían los medios suficientes para vivir de una manera digna, y libres del dictamen de unos pocos. Tendrían sus conflictos, pero serían suyos, y el propio devenir de las cosas les llevaría al progreso.

No es España, es el mundo entero el que está “echado a perder”. Una verdad como un templo, y bastante amarga. Igual os he aburrido con esto, pero Indignados me dio una lección que todos conocemos, y ahora mismo es la mayor de las utopías: partir de la igualdad. Consideré indispensable compartir la anécdota con vosotros, porque me sirvió para completar el verdadero mensaje de la obra, y en definitiva de nuestra realidad.

No os voy a dar la tabarra más, sólo espero que comprendáis lo que os decía al principio. No sé si creer en las casualidades, o en la suerte que he tenido al dar con una noche tan completa y enriquecedora a nivel moral.

Y sí, otra vez os lo digo, id al Teatro Alfil.

 

Deja tu comentario

Archivos