El arte se está subiendo por las paredes
Dicen que la del Museo del Prado es la mayor colección de arte de Madrid. Respetuosamente, discrepo. O puntualizo, más bien. Es la mayor colección de cuadros de Madrid. ¿Pero de arte? No lo creo. La mayor colección artística de Madrid está en sus muros, en las paredes de sus calles y plazas, desperdigada por toda la ciudad y a la vista de cualquiera por un módico precio: lo que cuesta un paseo, y mejor andando que en autobús (obviamente, el metro no nos serviría).
La idea de este post era recorrer la ruta que Guillermo de la Madrid, del colectivo Unofficial tourism, ha recogido en el libro Turismo raro (disponible aquí). Pensaba marcarme cada una de las diez paradas en un mapa y patear hasta haberlas visto y retratado todas. Pero debí haber previsto que mi plan tenía un fallo: algunas de esas obras no estaban donde debían, y a cambio, encontré muchas más que me encantaron y no estaban en mi ruta.
Así que aquí dejo mi propio recorrido por la galería de arte plástico que es Madrid.
Empezamos muy cerca de la Puerta del Sol y al lado del Congreso de los Diputados, en la calle Cedaceros 5. Allí, en medio de una calle siempre llena de andamios y de gente, la fachada trasera y gris de lo que fueron los cines Bogart se convierte en un mural abstracto, una especie de rompecabezas geométrico en el que nadie parece reparar. Es obra de Nuria Mora, realizada sobre otra obra de la misma Nuria, realizada sobre otra obra de Alberto de Pedro.
Esto está, como digo, al lado del Congreso. Y precisamente a su otro lado, en la calle Prado 23 (ojo, la calle, no el paseo) está la siguiente parada: un pequeño detalle en un portal cualquiera. Es obra de Eltono, un artista urbano que en otro tiempo tuvo piezas por todo Madrid. No muchas resisten el tiempo, pero ésta es una de ellas. Es necesario mirar con atención, ya que si no la buscas, no la ves.
Seguimos nuestro paseo y llegamos a la calle Atocha (de nuevo, atención: es la calle de Atocha, no la ronda de Atocha). Y aquí, la primera decepción: estaba buscando una pintada que reproduce una de las galerías de la Cárcel de Carabanchel sobre la puerta del numero 55, lugar que ocupaba el bufete de los Abogados de Atocha. Sin embargo, junto a la placa conmemorativa apenas queda rastro de la obra de Alberto de Pedro. Supongo que el tiempo y los carteles publicitarios la han arrollado. En cualquier caso, a unos cuantos metros encontré un premio de consolación:
Vale, no es arte urbano, pero me gustó igual. Y sobre la siguiente obra podríamos abrir un debate: ¿es o no arte urbano? Lo cierto es que no está pintada en un pared, así que podríamos decir que no. Pero está en la calle. Bueno, más o menos…
Se trata de la obra de Roy Lichtenstein, artista pop por excelencia (con permiso de Andy Warhol), situada en el patio del Museo Reina Sofía. Un Brochazo gigantesco en un patio aún más gigantesco. Pero seguí mi paseo y me encontré justo lo contrario: pequeños dibujos decorando la cornisa de una tienda de comestibles (por cierto, el pato y el fantasma están por todo Madrid pero no consigo encontrar a quién o qué representan, ¿alguien lo sabe?).
El siguiente punto de mi ruta era la calle Doctor Fourquet 24, un espacio autogestionado llamado Ésta es una plaza en cuyo patio hay un mural del artista belga Roa. Quería ver la obra que cubre por completo una de las paredes del patio, una adormilada manada (¿rebaño? ¿jauría?) de rinocerontes retratados con el máximo realismo. Pero no conté con que el solar tiene unos horarios de apertura. Estaba cerrado, mi gozo en un pozo. Sin embargo, llegar hasta allí no fue en balde: todo la fachada que rodea el solar está decorada con pinturas (en este caso no sé de quién son).
Además, toda la calle Doctor Fourquet resultó un gran descubrimiento, ya que al menos tres de sus locales son enormes murales que me obligaron a parar y volver a sacar la cámara. Aparte del primero, que es un Centro de Literatura Aplicada (no, yo tampoco tenía ni idea de que eso existía), los otros locales fueron imposibles de identificar…
La siguiente obra en mi ruta estaba al lado de la plaza de Lavapiés, en la calle del Tribulete 18. Especialmente escondida está esta pintura de una mujer vieja sobre un fondo que parece una reja… ¿será La Celestina? Podría ser. El mural es una obra a dos manos de los artistas Borondo y Yeti. Al igual que la obra de Eltono, el que la quiera ver que la busque, porque no la va a encontrar por casualidad.
Y aquí termina el paseo. Sin embargo… he dejado lo mejor para el postre: mis dos obras favoritas. Ambas están descolgadas de la ruta marcada, están más alejadas del centro. Pero merece la pena ir a verlas. La primera está en la calle San Dimas 23, en un callejón perpendicular. Otro mural escondido, obra del colectivo Boa Mistura, que es un retrato gigante de uno de sus miembros. Purone te mira divertido desde su pared, con su sombrero, sus gafas de sol y su enorme puro.
La última está situada a orillas del Manzanares. O más bien, a orillas del espacio bautizado como Madrid Río sobre el que aún no sé qué pensar… El caso es que en la parte trasera de los números 19 y siguientes de la calle Antonio López el artista Sam3 ha realizado tres enormes pinturas que conforman una obra completa. Al contrario que la anterior, este mural no hay que buscarlo sino que es imposible no verlo.
Esa era la última obra, pero no del todo: decenas de cuadros cuelgan en las calles de Madrid. A veces son dibujos muy simples hechos con una plantilla. Otras veces decoran el telón de un garaje o una tienda. La mayoría de las veces no duran y casi siempre son poco menos que ignoradas por la gente que pasa a su lado. Pero están ahí. Buscadlos. Un consejo: alejaos de las calles grandes y las avenidas principales. No hay casi nada interesante en las paredes que dan a la Gran Vía.












Me encanta el arte urbano y tu reportaje
¡Muchas gracias, Raquel! ¿Conoces tú algún otro mural que merezca la pena? ¡Hazle una foto!